Hoy hemos asistido toda la clase de
metodología al Centro José Guerrero con la profesora Carmen, para visitar la
exposición de Manuel Rivera “De Granada a Nueva York de 1946-1960”. La exposición ha
estado dirigida por un guía que nos iba comentado las obras y aportando
información sobre las mismas y sobre el artista. La distribución de las obras se
dividía en tres partes, las cuales iban avanzando cronológicamente conforme
subíamos de planta en el edificio.
La primera planta se centraba en
las primeras obras de Rivera. De izquierda a derecha se exponían sus pinturas
desde lo más figurativo hasta lo abstracto. Rivera fue uno de los primeros
pintores que llegó a ser plenamente abstracto prácticamente desde el inicio de
la década de los cincuenta. Se nos muestra al principio unos paisajes, el
primero el más figurativo, pero que aún así no llega a ser del todo figurativo.
Los siguientes paisajes ya van teniendo menos detalles y se va deformando más
la realidad. Los últimos ya son plenamente abstractos, se convierte el trabajo
en una reflexión de la materia e incluso se indaga en el relieve añadiendo a
las obras tierra y pigmentos sen crudo.
En la primera planta ya se
produce un cambio en la línea de trabajo, pero en la segunda planta, el cambio
es más radical. El experimentar en las anteriores obras con lo abstracto, le
llevó a Rivera en 1957 a
descubrir las posibilidades compositivas de la malla de metal. En esta sala,
nos encontramos con unos cuadros “flotantes”. La obra es un marco separado por
diez centímetros de la pared con unas varillas en los vértices del marco. Estas
composiciones metálicas, con varios trozos de malla unidos formando el fondo
completo del cuadro, dejaban pasar la luz de los focos a través, proyectando
sobras en la pared con unas determinadas formas interesantes. En todas ellas se
aprovechaba el marco sin dejar ningún vacío y sólo en una de las obras el fondo
era pictórico.
Pero ya en la tercera planta, la
obra avanza aún más. Rivera profundiza con las mallas metálicas dándoles un
carácter tridimensional. La forma de presentarlo era la misma, separadas por
diez centímetros de la pared, pero esta vez se aprovechaba el ancho del marco,
añadiendo más capas de malla unas sobre las otras. De esta manera, se juega con
los contrastes, las sombras y los vacíos, pues ya no se cierra con malla todo
el interior del marco. Estas mallas son de fibras más cerradas, proyectando así
unas sombras más sutiles. Además, según te movieses mirando la obra, daba la
sensación de movimiento, ya que el tramado de las mallas superpuestas formaban
unas ondas al moverse el ojo.
Para acabar la exposición de
Rivera, se nos mostraba dos obras en las cuales el marco ya no era “flotante”,
pues le habían colocado unos listones que lo cerraban y, por tanto, limitaban
la zona de proyección de las sombras de las mallas.
Por último, en la última planta
del edificio, la última sala que visitamos fue la dedicada a José Guerrero, artista
que da nombre al edificio y que mantiene en esa sala fija la exposición de sus
obras. Sin embargo, estas obras se adaptan a la temática de las obras
temporales, en este caso, la obra de Manuel Rivera. En la sala se han expuesto
unas seis obras más o menos de Guerrero que se ajustan a la temática abstracta
de Rivera. También se hace un recorrido de lo más figurativo a lo más abstracto
en la distribución de los cuadros en la sala.


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